SALIDA
Eran las 5:00 de la tarde y mi hermano aún no había llegado, no podía hacer nada hasta que el no llegara a
casa. Él tenía que invitarme a salir. Mis papás siempre han sido muy sobre-protectores, no quieren que nada malo me pasa y dicen constantemente que
toda la gente es mala, y en especial los hombres, que en ellos no se puede
confiar, mi madre es quien más lo dice. Por esto tenía que esperar hasta que mi
hermano llegara y hacer parecer que era el quien me invitaba a salir, de
sorpresa, no podía parecer planeado pues de seguro no me dejarían salir.
Yo quería ir a la ciudad de hierro, no me importaba con
quien, yo solo quería ir. Asi que solo fue cuestión de comentarle a un amigo mi
deseo y él sin muchas preguntas ni cavilaciones me invitó. Claro debo decir que
ese amigo no solo me quería como a una amiga, pero igual a mí no me importaba
yo simplemente quería ir, nunca había ido y si había oído mucho y que era muy
chévere, y yo no me quería quedar atrás, también quería comentarlo con mis
amigas que ya había ido a la ciudad de hierro.
Es más, si mis padres se hubieran sentido atraídos con la
idea de ir y me hubieran llevado, no me hubiese importado, porque en realidad
no me importaba con quien ir, pero no ellos decían que eso para qué, que era mejor salir a otra parte.
Cuando por fin llego mi hermano ya casi eran las 6:00 de
la tarde, después de saludar y pasar a la cocina dijo en voz alta “estoy como
aburrido, tengo como ganas de ir a la ciudad de hierro. ¿Vamos?” Invitándome a mí, como era mi hermano mis
padres no se opusieron y de una vez me fui a cambiar.
Salí de la casa con mi hermano, llegamos a un parque que
había a unas cuadras
de mi casa, y cada uno se fue por su lado. Yo había
quedado de encontrarme con mi amigo para irnos los dos, se veía patético con un
suéter cuello tortuga de color negro y un pantalón formal de color como verde,
para ir a un lugar que de formal no tenía nada; según él por qué a mí me gustaba verlo así; idea que
tomo el día que estaba estrenando esa ropa y me pregunto que como se veía y yo por pesar o por vergüenza le dije que se
veía bien.
Sin importarme como se veía nos fuimos, cuando llegamos
entramos y él fue a comprar la tarjeta con la podríamos disfrutar de las
atracciones del lugar, cerca de la taquilla estaban los baños, que a la distancia
se podía distinguir que el mayor uso que les habían dado era para vomitar, eso
fue en realidad desagradable ese olor a podredumbre y más adelante los puestos de comida. No
podía creer como la gente podía comer en ese lugar y en esas condiciones.
Pero dejando de lado ese mal momento decidimos subirnos a
una de las atracciones del lugar, fue una nueva experiencia, fue ver que todo
daba vueltas subía y bajaba. Fue una experiencia totalmente diferente, cuando
bajamos yo estaba muy entusiasmada con todo esto. Pero después de montar en
unas cuantas más y llegar a una que se llamaba el huracán y experimentar náuseas
y ganas de vomitar, no pude evitar recordar la entrada y el horrible olor de
los baños… esa fue la última atracción en la que nos subimos.
Para que todo saliera bien como estaba planeado, mi
hermano paso a recogerme en el carro para llegar juntos a casa como si todo el
tiempo hubiéramos estado los dos.
La crónica tiene un tema interesante, aunque al final seria recomendable profundizar más pues debe haber un detonante que haga que la historia llame la atención del lector.
ResponderEliminarHay que tener cuidado con el uso de los tiempos.