¿Primer día de clase?
Para
muchos iniciar semestre es volver a una rutina, que se ira cargando de muchos
imprevistos; para otros será una experiencia totalmente nueva, y esto se puede
predecir al ver esas caras de recién salidos de colegio, o de jovencitos que es
como si llevaran un letrero que dijera “primíparo”. Para mí el inicio de clases
empieza el martes 13 de mayo a las 4:30 de la mañana, con el sonido de la
alarma del celular y la primera negación de seguir durmiendo tan plácidamente
como se puede dormir a esa hora. Después de cinco minutos me siento preparada
para ir a bañarme y encontrarme con el agua fría que aunque me eriza todo el
cuerpo, es la mejor forma de ponerme activa, para el desarrollo de las
actividades en el día.
A
las 5:20 estoy saliendo de casa, para ir
hasta la parada del bus, en el que con suerte encontré un puesto desocupado,
que hace que el recorrido sea más cómodo. En el bus se ven todo tipo de
personas algunas que tienen la dicha (o desgracia) de poder dormir en el bus,
las mujeres que de forma increíble, sin importar los huecos, posibles paradas
inesperadas, logran maquillarse sin salir lesionadas con un lápiz de ojos o un “enchurcador”
de pestañas; y bueno otros como yo que sencillamente no podemos hacer nada en
el bus… Si leo o quiero jugar en el celular me da mareo, si intento dormir no logro conseguirlo, y no
uso maquillaje (y si lo hiciera, no consideraría el bus un lugar apropiado para
hacerlo) así que solo puedo mirar hacia las ventanas mientras soy atacada por
un mundo de pensamientos aleatorios que no me llevan a soluciones sino a pensar
cosas hipotéticas de la realidad de lo que me rodea, hasta que después de más o
menos 45, 50 minutos por fin llegó a la carrera 25 con calle 9a la universidad.
No
poder evitar pensar cada vez que voy entrando que sería muy provechoso para mí
que hubiera entrada para estudiantes por la entrada de visitantes, o que
debería intentar algún día meterme por entre los tubos que cercan la
universidad, pero de inmediato saber que no sería capaz de intentarlo, y sé que
como el 90% de las veces no llegare temprano a clase de SEIS de la mañana, pero ¿a quién se le ocurre
poner clase a esa hora? Si, a unos cuantos profesores…
Entonces
es llegar sobre ya iniciada la clase, que estén la mayoría de compañeros ya en
clase, y para completar el primer día que se me haya olvidado hacer el trabajo
para la clase, porque para mí era la primera
clase, pero para otros sería la
segunda. Así que por orden del profesor debía salir de clase a cumplir con lo
debía de haber llevado a clase junto a otros cuantos compañeros que al parecer
se encontraban en mi misma situación. Salir y mirar tanta gente, son muchos al
iniciar semestre, y siempre es la misma impresión. Ver a unos en la fila de los
que no tienen carnet, ya sea por olvido o por perdida, y pensar que tal vez son
primíparos, y recordar las muchas veces que yo también he estado en esa fila
algunas veces solo por no sacarlo del bolso. Después de observar por un rato la
entrada desde la sombra de la ceiba, hasta que me fije que eran las siete y que
en realidad prefería salir a desayunar porque con hambre no se puede trabajar.
Me gusta la manera en como cierra sus crónicas, en cada una de ellas intenta dar una reflexión. Esta crónica ya logra verse mejor elaborada, su estilo al utilizar un lenguaje sencillo le permiten al texto una ligereza que ayuda mucho a la hora emprender la lectura.
ResponderEliminarEs una crónica interesante, logra captar la atención del lector.
ResponderEliminarSu estructura y lenguaje son fáciles de comprender, haciendo que el proceso de lectura sea rápido y reflexivo.