martes, 15 de abril de 2014

Recuerdos de mi infancia

                                    
Los días de mi niñez fueron muy buenos, no tenía todo lo que deseaba, en cuanto a lujos,  pero  si quería todo lo que tenía, lo poco que tenía. Las cosas no eran fáciles pero mis padres se encargaban de hacer que las cosas fueran muy buenas, mi padre en las tardes solía leerme cuentos de una cartilla que llego a casa por manos de un primo que se había  apoderado de ella, aunque pertenecía a la escuela.  Para ir a la escuela tenía que caminar más o menos media hora,  el camino era lo mejor de ir a la escuela, contaba con la compañía de mi hermano, y como  nosotros éramos los que vivíamos más lejos  en el camino, nos íbamos encontrando con más amigos.

 En las mañanas a veces no se podía observar mucho, pues si era tarde teníamos que apurarnos  pero al medio día el camino ya se convertía en una expedición; mirar que había en la quebrada, si había por el camino un árbol de mandarina, mango o cualquier fruta para quedarnos un rato ya fuera mirando o comiendo, hablando y jugando. Había una parte del camino que como un bosque atravesado por la carretera, nadie quería quedarse de ultimo era un poco tenebroso y los compañeros colaboraban con historias de brujas y espantos que supuesta mente se aparecían a los que pasaran solos por aquel lugar, y sí que lograron  hacerlo parecer más tenebroso,  por eso digo que lo mejor de ir a la escuela era el camino y el descanso, algunas veces los profesores se ponían de acuerdo para ir a bailar a una casa vecina y nos dejaban un buen rato de descanso, en los que jugábamos en los dos patios que quedaban afuera de lo que comprendía el encerrado de la escuela.

Escuchar los pocos cuentos que habían en casa, era algo que en realidad me gustaba, aunque en mi casa solo habían unas cartillas que eran de la escuela. Mi padre era quien me leía, me gustaba tanto que me leyera, que no importaba si era siempre los mismos cuentos. A veces  empezábamos con la montaña azul o con la bailarina o con otros que ahora no recuerdo el nombre, mi padre se cansaba de leerme y para que lo dejara y le dijera que ya no más, me leía con voz de dormido, yo insistía para que siguiera, pero él me decía que ya era mucho por hoy, aun no sé si era que él se cansaba muy rápido o era tanto el gusto de escuchar cuentos lo que me hacía insistir. A  mí no me importaba que fueran los mismos cuentos, creo que sentía la misma emoción que la primera vez que me los había leído, mi hermano también me leía, cuando estaba de buena gana para leer.
Cuando yo aprendí a leer estaba tan contenta que leí tantas veces el mismo cuento, que me lo aprendí
“mañana domingo de san Garavito se casa la reina con un borriquito.
¿Quién será la madrina? María Catalina
¿Quién será el padrino? Don juan botijón
¿De qué hacen la boda? De un gallo capón
¿Con que lo revuelven? Con un mecedor
¿Con que lo reparten? Con un cucharon
¿Quién pone la mesa? la Santa Teresa
¿Quién pone el mantel? El Ángel Miguel.

Aún recuerdo los dibujos a los lados del cuento, fue increíble para mi haber aprendido a leer, cuando llegue a mi casa les leí  ese cuento a mis padres tantas veces que me dijeron que ya no más, que me leyera otro.

Lo primero que recuerdo al pensar en la escuela es la formación antes de empezar la jornada de estudio, en la que hablaba la coordinadora y  se hacia la oración tradicional, ya en el salón de clase recuerdo el salón decorado con las letras del abecedario con su respectivo dibujo, siempre me llamo la atención la K de kiosco, pues siempre encontré dificultad para diferenciar el sonido con la Q de queso  y hasta con la C de casa, no recuerdo de qué manera logre superar esa dificultad pero si recuerdo bien que me  quedaba mirando esas laminas, para lograr entender la diferencia y pronunciarlas en mi mente.

Cuando empecé a cursar segundo grado la profesora Leonor no me quería, y es enserio ella no me quería, creo que mi hermano y yo le caíamos mal, en un salón habían dos grupos divididos por un tablero y ella, la profesora Leonor era la encargada de los dos grupos, mi hermano ya había tenido la desdicha de ver clases con ella y en una ocasión quiso obligar a mi hermano  a entrar a una misa, cuando él le contó a mi madre ella se puso furiosa y  el día de la reunión de entrega de boletines le hizo el  reclamo a la profesora, creo que era por eso que no le caíamos bien, por el reclamo de mi madre, así que tomando lista se dio cuenta o bueno tal vez confirmó las sospechas (ya que nos parecemos bastante con mi hermano) de que yo era hermana del “chino” que había dado quejas a la mamá. Bueno, entonces ella en clases me hacía pasar al tablero y era como si le gustara hacerme pasar y hacer que mis compañeros se rieran ya fuera porque no hacia la letra bonita o por equivocarme en una suma o resta, pensándolo bien esa profesora me hizo bullying.

Así dure casi dos meses en clases con ella, llorando y deseando no volver a la escuela para no tener que ver a esa profesora, es que en realidad yo hasta intente caerle bien, le escribí una carta y lleve flores de las habían en los jardines de la escuela, todas las demás lo hacían y a la profesora parecía gustarle así que yo decidí intentar hacer lo mismo a ver si cambiaba la situación pero no, la leyó y me dijo que yo tenía la letra fea,  que tenía que mejorar, pero con la actitud más podrida que le había visto a ella, así que ya no había solución,  y  cansada de llorar y mis padres cansados de verme así decidieron que volviera a repetir primero, esa no fue la mejor solución pero era la única disponible, no volví a tener un “problema” así con ningún profesor, hasta que llegue a la universidad pero eso creo que después lo contare.



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